Alejandra Solís

José Pablo Loyola García

El alma y la danza

Pero, ¿no meditaba Sócrates sobre algo? ¡Jamás puede quedarse solitario, ensimismado y silencioso hasta el alma! Le sonreía tiernamente a su demonio interior desde la orilla tenebrosa del festín. ¿Qué murmuran tus labios, querido Sócrates?