Opción 186, Febrero 2015.


Opción cumple treinta y cinco años. Treinta y cinco años de un cuerpo viviente. Treinta y cinco años de ninguna identidad y, a cambio, de un experimento1. Experimento puro que va reinventándose año con año, mes con día, minuto con año. Porque no podríamos decir que Opción tiene una misión, ni una visión, ni una ≡ identidad. Para que la tuviese habría que cerrarla: ponerle un adentro y un afuera. Pero Opción no es sino sólo afuera. Cuerpo abierto, viviente, deseante, que tan sólo resuena. Cuerpo que no resuena en o dentro de él mismo, sino que sólo resuena y ya. Entonces no es significado sino sentido. Perpetuo sentido, un estar a la escucha. Sentir y no re-conocer ni re-presentar ni re-visar en la mente. Es desconocer, presentar y a-visar. Cerrar los ojos; apagar el fenómeno, la apariencia, y empezar a ver con los oídos, o con la espalda, o con la noche; encontrar utopías en lo que pareciera un topos definitivo y trágico. Nada menos conocido que el propio cuerpo. Nada hay de sentido común, o de lugar común, porque Opción se relaciona consigo misma y nunca con ella misma. No está perpetuando su definición precisa ni su último significando, sino que se está des-cubriendo. Se siente distinta en sus extremidades más lejanas. Muere. Re-nace. Se repite. Se repite en exégesis: se repite hacia fuera. Eterno retorno: Opción se ex—-pone. Cincuenta y tres años. Añienta y cinco trenios. ¿Qué es el tiempo de vida de Opción? Es el tiempo de un cuerpo des-organ-izado, de un cuerpo que no es noción, ni concepto, sino pura práctica; cuerpo que no es organismo; cuerpo sin órganos. Es decir, desarticulación, experimentación y nomadismo para combatir al organismo, al significado y al sujeto; es decir, revista que nunca es re-vista, alma-cuerpo que no se deja analizar en partes ni en funciones ni en ≡’s; es querer decir. Opción es su propia enfermedad. Cerebro que no sirve para pensar, sino para ser animal o corazón que es un intruso del propio cuerpo. Corazón que no rima ni ritma ni sirve para nada. Corazón trasplantado al cual, acaso, algún día nos acostumbraremos o que, si es necesario, nos hará morir. Porque no hay nos. A esta voz que habla la calla el cuerpo masoquista, drogado o esquizofrénico de Opción; la callan el dolor y la inquietud. Opción son intensidades, olas de dolor. No se le puede localizar en ningún espacio. Inmanencia sin límites. Dolor impredecible del cuerpo: puntilloso, incómodo, revelador. Ya por allá, ya por acá. A Opción la tengo hasta adentro y también bien afuera. Alguien, alguna vez deseó otra opción. Entonces nació. Y murió. Y muere una y otra vez hasta que ya perd(í/ió/imos) el miedo. Y, en el límite, encontra(ste/ron) el deseo. Deseo. Forma que es puro fondo. Figura abismal. Fondo de las mil o treinta y cinco o ciento ochenta y seis formas-conjugaciones. Lenguaje creado a partir del sentido. Significado literario; significado mudo. Revista de las mil interpretaciones, de los miles de Consejos, de los incontables cosquilleos, los infinitos bailes, los inesperados gestos y las indecibles charlas. Opción no es mente, sino cuerpo: no es ni lo que fue ni lo que será; a cambio, respira presente. Revista de los acordes interminables que no son más que oberturas de alguna sinfonía que se repite y se repite, sintiéndose/escuchándose/resonándose siempre distinta. Opción deja de ser ahora mismo y comienza a ser. ¿Qué [es] ser(á)? Cuerpo.

Opción es nada de lo que dije.


 

Bryan Christie, Telling Pleasure, 24" x 18", seda y encáustica sobre papel, 2014. Opción 186.

Bryan Christie, Telling Pleasure, 24″ x 18″, seda y encáustica sobre papel, 2014. Opción 186.

 


1 Para indagar acerca de las voces en negritas, léase A la escucha (Jean-Luc Nancy), El intruso (mismo autor), “adentro afuera” (presuntamente mismo autor), Mil mesetas (Félix Guattari y Gilles Deleuze), Diferencia y repetición (Gilles Deleuze) y “El cuerpo utópico” (Michel Foucault), 
entre otros. Para una referencia más ordenada, consultar al sujeto trágicamente denominado Director Editorial.